En este mundo hay personas fuertes y débiles, personas que arrastran y otras que se dejan arrastrar, personas que un día piensan: Esto no puede ser así. Y hacen algo para cambiarlo y personas que piensan que ya lo arreglarán otros.

Yo me considero de las primeras, de las que les gusta aprender, de las que piensa que siempre hay una manera de mejorar las cosas y cree firmemente que el miedo y la vergüenza son caminos sin salida que no llevan a ninguna parte.
Eso no quiere decir que no tenga momentos en los que me derrumbe, los tengo y a veces más de los que me gustaría. Momentos en los que necesito un hombro en el que llorar y no siempre lo he encontrado.

Pero últimamente he aprendido muchas cosas.

Que no todas las personas son iguales, que hay muchas que merecen la pena conocer y que te las puedes encontrar en cualquier rincón del mundo.

Que la sonrisa es la mejor terapia que existe, calma el espíritu, sosiega la mente y además se extiende con facilidad (Thank’s Kate).

Que la indiferencia y la filosolfía ante determinadas situaciones te pueden salvar de una posible úlcera de estómago =)

Que a la persona más importante que jamás vas a conocer, a la que más has de amar y con la que vas a vivir el resto de tu vida eres tú mismo.
Así que cada día desde que lo aprendí intento estar bien conmigo misma, hacer cosas que me hagan feliz y cultivar un poco más mi fantástico mundo interior.