Pequeñas historias


Hace unos días bajé a Barcelona para hacer recados, pasear y tomarme el día libre. Y terminé a la hora de comer en plaza Cataluña, cansada y con hambre. Así que decidí no buscar mucho y pasarme por el Kentucky, ya sabéis dieta equilibrada y mediterránea =)

Mientras hacía cola para pedir una hamburguesa de pollo, unas patatas fritas y una Fanta naranja, me he fijé que estaba lleno de turistas.

No me extrañó verlos descansando rojitos de la playa, con sus mochilas y sus mapas de la ciudad, ni tampoco a los chicos sudamericanos con sus gorras, sus chaquetas de béisbol y sus modos de raperos. Tampoco me extrañó ver al chico de camisa a cuadros y corbata, leyendo el Sport, descansando antes de volver al trabajo.

Cuando ya estaba sentada y dispuesta a comer, lo que me llamó poderosamente la atención es ver sentado frente a mí, comiendo unas piezas de pollo y unas patatas fritas, a un señor mayor, todo el pelo canoso, con raya a un lado, tal vez un poco caída hacia la oreja como queriendo ocultar una calvicie bastante incipiente en medio de la cabeza. Las gafas grandes, de metal, con los cristales ligeramente oscurecidos… Es como si estuviera viendo a mi padre… ¿¿Qué hace mi padre comiendo en el kentucky??

Le observo porque me encoge el corazón verlo allí, comiendo las patatas fritas con los cubiertos de plástico, una a una, sin prisa… Es como si no tuviera que estar allí, como si este no fuera su sitio.

Estamos acostumbrados a ver a las personas mayores en el pueblo o en el barrio de nuestros padres (en el nuestro es difícil ver nada cuando estamos todo el día trabajando), con sus habituales costumbres, bajar a la compra, pasear, quedarse traspuestos en el sofá después de la comida… Pero no me acostumbro a verlos en el centro de la gran ciudad comiendo hamburguesas.

¿Son prejuicios? ¿O solo es que nos sentimos molestos cuando algo parece estar fuera de lugar?

Imagínate que estás en un concierto de los Mojinos Escozios y de repente ves que se te acerca Fraga…
- ¡¡Coño, Don Manuel!! ¡¡Cómo usted por aquí!! Una birrita?
¿Sería un poco sui generis hasta para una película de Almodóvar, no?

Esto es a lo que me refiero, al ver allí a ese hombre ingiriendo comida rápida empecé a pensar que como mínimo, la nave Enterprise había chocado contra la tierra y se había producido una explosión termonuclear que había desestabilizado el orden cósmico, espacial y terráqueo, de tal manera que ya nada volvería a ser lo mismo y comenzaríamos a ver cosas raras y fuera de lo común.

Tal vez, si en vez de ese hombre mayor, hubiera visto a una drac queen montándoselo encima de la mesa con un alto ejecutivo vestido de fallera mayor, no creo que me hubiera chocado tanto. Seguramente les hubiera mirado y hasta me hubiese fijado en el vestido de la fallera, siempre he tenido una afición oculta por las tracas y las fallas. Pero no creo que me hubiera causado la menor conmoción.

A veces no son las cosas o los hechos más extravagantes o llamativos los que nos impresionan, las cosas que parecen normales, en las que has de fijar tu atención para saber exactamente lo que quieren decir o expresar, son las que nos llegan al corazón y a mí ese hombre me lo había encogido como si lo hubiera lavado con agua caliente.

No hace mucho dieron por la televisión un reportaje en el que salía una mujer mayor, una viejecita como las de cualquier barrio, que comentaba que no le llega la pensión y que tiene que comprar en el mercado de objetos robados (que no perdidos), el champú, el desodorante, la mortadela para cenar o un paquete de café.

Realmente a mi no me deja más sitio en el corazón que para sentirme culpable porque me he comprado un portátil que cuesta 1000 euros y la mujer no tiene ni para comprarse una falda en el mercadillo.
Seguramente después de haber estado toda su vida trabajando como una negra, sacando adelante a una familia, a unos hijos a un marido, cocinando, lavando y planchando. Dejando de comer ella para dárselo a sus hijos y ahora no puede comer porque no tiene dientes, porque tiene la tensión por las nubes y porque no tiene una pensión decente que le llegue a fin de mes… y lo más seguro es que le siga dando la propina a los nietos cuando van a visitarla…

A mi no me gustaría llegar a vieja y tener que comer una hamburguesa en un Kentucky, o la comida basura que coman nuestros nietos dentro de cuarenta años.
Yo quiero envejecer tranquilamente con los míos y comer de puchero a ser posible, contarles historias a mis nietos como las que cuenta mi padre y disfrutar de la vida porque realmente no sabes lo que pasará mañana.

Foto realizada por saseki http://www.flickr.com/photos/saseki/

Si, lo reconozco, soy adicta a las tiendas de los veinte duros o como tambien dice mi pareja, soy adicta a todas esas tiendas de chorraditas, cositas pequeñas y cajitas… por qué?
Creo que ultimamente me siento bastante inestable y noto un vacío en mi interior que… realmente no sé muy bien con qué quiero o puedo rellenarlo… con trabajo??, con manualidades??, con un hobby?? con cariño??…
A veces pienso que podría llenarlo con un hijo (algo muy propio ya para mi edad) que cambiaría mi orden de prioridades y aportaría un sentido a mi vida… Pero no sé si sería justo hacerlo, traer una criatura al mundo con el objetivo de llenar un vacío interior… no sé si quiera si estaría capacitada para cuidarlo…
Pero está claro que no puedo seguir como hasta ahora, he podido comprobar que las pastillas y el alcohol no son buenas compañeras de viaje y que tampoco la soledad lo es.

Cuando tengo un momento de bajón es irremediable, no lo puedo contener, necesito entrar, pasear entre los pasillos y buscar por las estanterías algo que pueda comprar, que pueda calmar a ese monstruo que posée mi vacío…
Qué estampa más triste no? Paseando entre estanterías abarrotadas de productos para la limpieza, tarteras de plástico, desodorantes, pequeñas cajitas de cartón y papanoeles de navidad…

Ahora mismo si estuviera en una serie de televisión, del tipo de Sexo en NY que es a la última que me he enganchado, en un momento de bajón estaría tomando un whisky doble mientras me fumaría un cigarrillo. A diferencia de eso estoy en una cafetería tomándome uno con leche, escuchando música de mi mp3 y sin cigarro, por supuesto! con lo que me ha costado dejar de fumar!! =)
Me hubiera ido de compras a la Quinta Avenida y me hubiera pulido la visa en vestidos y zapatos de Guicci, de Valentino o de Versache… después hubiera quedado con las amigas en un super local del centro de Manhathan para terminar a altas horas de la madrugada la fiesta descontrolada. Sin embargo me conformaré con mi café con leche y con la bolsa de piedras decorativas que hay en mi bolso y que es lo que he terminado comprando en la tienda del Todo a 1€, después llegaré a casa y colocaré amorosamente las piedras en el plato de ducha para darle un estilo zen, que ahora se ha puesto tan de moda.

Tal vez mañana me vuelva a pasar por la tienda del Todo a Cien, que llegan las navidades y hay que poner el árbol, cubrirlo de cintas de espumillón para taparle todos los huecos … en fin mañana ya será otro dia…